El guardián del páramo

Su relación con el páramo de Sonsón es como la de un par de viejos amigos: conversan, se acompañan y se cuidan.

Su nombre es Luis Alberto Hincapié y el páramo de Sonsón es su tierra y su legado. Desde hace más de cincuenta años lo habita, lo escucha y lo protege. Una fábrica que transforma la niebla en agua y en la que, como dice él, los de arriba le hacen el empuje a los de abajo para que les llegue el “agüita”.


Él abrió el camino y puso la cruz en la cima. La montaña le indicó por dónde marcarlo, lo cuidó de sus abismos y le enseñó a verla en su interior. También le señaló una nueva vocación, Luis Alberto se dedica a los oficios varios: cuida gallinas, arregla el acueducto, siembra papas y, además, planta árboles nativos para garantizar el ciclo del agua en el páramo y acompaña, con sus historias, a los visitantes que llegan intrigados por los frailejones.


Gracias a estas dos últimas actividades hoy se le conoce como el guardián del páramo. 

El ecosistema responde a sus cuidados. En los meses de lluvia los cardos, el musgo y los frailejones recogen el agua que, gota a gota, escurren en los meses de verano. Así nutren las quebradas de las veredas San Francisco y La Palmita de Sonsón, las que abastecen las casas de Luis Alberto y sus vecinos, las que nutren la vida en la montaña.


“Le agradezco al páramo la forma en la que le sirve al ser humano con lo que él mismo cultiva”, dice.

Luis Alberto es uno de los cerca de quinientos socios de conservación que Grupo Nutresa apoya en Colombia, a través de su alianza con Masbosques, en la estrategia BancO₂. Una iniciativa para mejorar las condiciones de vida de personas que protegen y restauran ecosistemas. Cada mes, él recibe una compensación económica que dedica a su canasta familiar. “La platica que uno se gana, sirve para el sustento de la casa”, indica. Un incentivo que le ayudará a cumplir con su meta de proteger al páramo.

“Nutresa está ayudándole a los vecinos del páramo que se comprometen a sembrar más árboles y a cuidarlo. La plática que uno se gana sirve para el sustento de la casa, para mejorar la canasta familiar. Es una gran labor que hacen con los vecinos del páramo”, concluye.

“Este proyecto de sembrar árboles nativos es un lujo para mí, es una belleza. Se están cuidando los nacimientos de agua y hay que seguir cultivándolos para que se vuelvan arroyos más grandes para el ser humano; porque el ser humano sin agua no es capaz de vivir”.

Luis Alberto Hincapié, cuidador del páramo de Sonsón.